Cardós

June 29, 2014 at 10:07pm
17 notes

México:

No se queden con el penal que “no fue” porque en el primer tiempo no nos marcaron uno que sí era.


No se queden con que el Piojo la cagó con los cambios, porque llegamos hasta acá con sus cambios.


No se queden con que Van Gaal “convenció a la FIFA” de parar el partido para refrescar a su equipo, porque el nuestro también aprovechó la pausa.


No se queden con que “es culpa del árbitro” porque en el fútbol los árbitros la cagan, siempre. A veces a tu favor y a veces, en tu contra. Eso lo sabemos desde siempre todos los que amamos el fútbol.

No se queden con que “no pudimos llegar al quinto partido” porque aspirar al quinto partido es un objetivo mediocre y si en verdad nos lo proponemos y trabajamos, México está para más.


La realidad es que hoy perdimos (sí, perdiMOS) un partido que tendríamos que haber ganado y que podíamos haber ganado. Holanda no nos asustó, ni fue mejor, como tampoco lo fue Brasil. Holanda nos respetó y hasta nos temió.


El partido lo entregamos al ceder la iniciativa cuando no teníamos por que hacerlo. Eso no es culpa de Robben, ni de Van Gaal, ni del árbitro, ni de la FIFA. Eso es algo que nos sucede por no terminar de entender que los partidos decisivos son de 90 minutos o más y que hay que estar metidos al 100% los 90 minutos o más. No 75 ni 88, 90 o más. Y uno no puede esperar que nuestro portero saque 15 para ganar o que el rival las falle todas, porque cualquier rival puede meter dos en dos, tres o cinco minutos, cuando está metido en el partido.


Perdimos porque no supimos ganar. La realidad es que no supimos trascender, nada más.


El que pone las culpas en otros, corre el enorme riesgo de no aprender de sus errores.


Así que quédense mejor con la alegría que nos dio un equipo por el que no dábamos un quinto hace seis meses.


Quédense con el hecho de que la realidad, hoy, es que México está para ganarle a cualquiera, como también está, desafortunadamente, para perder con cualquiera. A mí ya no me asusta jugar contra nadie y confío en que si se trabaja bien, se darán los resultados. 


Ningún “nunca” es para siempre. Hoy perdimos un partido que no supimos ganar, pero México puede ganarle al que sea. 


Nos va a llegar el día. México es grande, su gente es grande y lo vamos a ver trascender. 


El primer paso es dejar de buscar justificaciones, ver para adelante y creer.


Yo sí creo.

May 29, 2014 at 8:10pm
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Antes y ahora en la publicidad, Capítulo 1.

Antes:

Hacías buen trabajo para un cliente. 

Lo inscribías a un festival.

Ganabas un premio. O no.

Te ponías feliz si ganabas.

O no, si no.

Ahora:

Tienes una buena idea.

Buscas a un cliente.

Se la regalas.

El cliente no la quiere.

Buscas otro cliente.

Se la regalas.

La produces.

La promueves en 587 posts, blogs y portales que tienen que ver con publicidad.

La tuiteas.

La retuiteas.

La retuiteas.

La retuiteas.

La retuiteas.

(súmale “la retuiteas” otras 145 veces)

Buscas a algún tuitstar que la retuiteé también.

La metes a un festival.

Se la mandas a los jurados que conoces.

Se la mandas a amigos para que se la manden a los jurados que conocen.

La publicas en las revistas que cubren el festival.

La publicas en los sitios que cubren el festival.

La publicas en las revistas de los sitios que promueven las ideas de tu región que van al festival.

La publicas en marquesinas en la ciudad donde se lleva a cabo el festival.

La tuiteas.

La retuiteas.

La retuiteas.

La retuiteas (de nuevo, otras 145 veces)

Está en el shortlist, te avisan.

Te haces el “y bueno, no es tan importante, no sé si vaya a ganar o no, ya viste cómo son los festivales hoy en día, la verdad es que a mí lo que me importa es hacer buen trabajo…”

Ganas un premio.

Te haces el “mira qué tal, ganamos. La verdad es que no esperaba tanto”

Te pones más, o menos feliz, dependiendo de si es un oro, plata o bronce y de si suma o no puntos en el Gunn Report.

La retuiteas.

La retuiteas.

La retuiteas…

El negocio de la publicidad, ¿está en la publicidad, o en los festivales?

May 21, 2014 at 11:43pm
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No importa en qué ámbito de la vida, a qué te dediques o lo que hagas, son pocos, muy pocos, los que alcanzan el éxito solos.




Todos aprendemos de alguien, nos desarrollamos bajo el liderazgo de alguien y después, si somos lo suficientemente afortunados, dirigimos y enseñamos a otros, que a su vez nos siguen haciendo crecer y mejorar.
Al menos en la industria de la publicidad, son muchísimas las personas que influyen en una carrera “exitosa”. Son muchísimos los que aportan para que una sola persona pueda brillar.





Están los que te dan la oportunidad de empezar. Los que sin envidia te enseñan el oficio. Los que con mucha paciencia esperan y confían en tu desarrollo. Los que creen en tus ideas: tus jefes, tu equipo, tus clientes. Los que las mejoran, los que les aportan, los que las rechazan porque no son lo suficientemente buenas, en fin. Nadie puede tener éxito por sí solo.





Llevo casi 25 años trabajando  como creativo publicitario y es mucha, muchísima la gente que me ha ayudado a alcanzar lo poco o mucho que hasta ahora he alcanzado. Desde la gente con la que tuve la enorme fortuna de empezar en esta increíble industria, hasta la gente que hoy trabaja conmigo y que me ayuda a hacer de ( anónimo ) una realidad.





Por eso cuando la gente del FIAP me avisó que me harían el honor de incluirme en el Salón de la Fama de la Publicidad Iberoamericana ( http://www.fiaponline.net/salon_fama.php ) y me pidieron que mandara una foto de “mi mano” para representarme simbólicamente en el mismo como hacen con todos los homenajeados, lo primero que me vino a la cabeza fue que yo quería, a la vez, hacer de alguna manera un pequeño homenaje a toda la gente maravillosa que ha puesto un granito de arena para que hoy yo esté donde estoy. No quería usar “mi mano” sola (que de por sí es bastante regordeta y fea…) sino ver en la placa la mano de mucha gente especial para mí, para agradecerles a todos, aunque sea de esa manera, su ayuda y apoyo durante estos 24 años.





Así que, esta es la foto que queda para la posteridad en el Salón de la Fama. Una foto llena de manos de muy distintas personas. Se las quería compartir para que vean “como quedó”, tanto a los que se tomaron el tiempo de hacerse la foto y enviármela como a los que por distintas razones no pudieron o simplemente no están. Si no les gusta, la culpa es del buen Cometa, Head of Art en ( anónimo ) que amablemente me ayudó con la composición. Están, entre otras, tu mano, Lou, que me diste la primera oportunidad y me enseñaste tanto. La tuya, Lalolopez, que me convenciste de que podía ser bueno en esto. Martita, Paquito, mis primeros jefes y maestros. Está la mano de mi querido Gibert, a quien tanto le debo y probablemente de quien más aprendí. Están las manos de Leo Burnett, David Ogilvy y Bill Bernbach representando las 3 agencias tan queridas en las que trabajé antes de fundar la mía. La mano de mis amigos Simón y Beto, siempre un apoyo y ayuda incondicionales. Yosu, Pana, Juan, Sacco, Cuervito, la Maja, Toscano, Fedo, Clau, Wera, Ray, Puppet, Mau, Charlie, Rafa, entre muchos otros con los que tuve la fortuna de trabajar y de quienes me siento tan orgulloso. Están, por supuesto las manos de mis padres, entrelazadas, como siempre los recuerdo. Las de mi familia, mis 5 mayores motivos para esforzarme y tener éxito. Las de Marco, Rock, Papaya, Balles, Queso, Ferreti, Potrillo y el resto del equipo, sin quienes no imaginaría lo que hoy es (anónimo ). Están las manos de muchos clientes que han terminado siendo amigos, socios que han creído y que creen en lo que hago y sin cuyo apoyo no hubiera podido poner una sola idea al aire. Amigos de los que he aprendido tanto cuando aprueban y celebran una idea como cuando la rechazan y nos motivan a dar más, en fin. Están las manos de amigos y gente querida y admirada de Cervecería (Heineken) y Cuervo, los dos primeros clientes que confiaron en mí como “independiente” y cuya ayuda y apoyo nunca olvidaré, en fin.



Me hubiera encantado verlos a todos en Miami hace tres semanas y que me acompañaran en el homenaje, porque si bien me lo hicieron a mí, de alguna manera es para todos ustedes que de alguna u otra manera han sido y son muy especiales para mí, sigamos o no trabajando juntos. Están  Hubiera sido imposible reunir y meter las fotos de todos los que me han ayudado ya que afortunadamente es muchísima la gente con la que he tenido la fortuna de convivir en esta industria pero, aunque no esté la mano de todos, a todos los llevo en la cabeza y en el corazón.



Muchas gracias a todos por echarme una mano durante estos 24 años.

No importa en qué ámbito de la vida, a qué te dediques o lo que hagas, son pocos, muy pocos, los que alcanzan el éxito solos.
Todos aprendemos de alguien, nos desarrollamos bajo el liderazgo de alguien y después, si somos lo suficientemente afortunados, dirigimos y enseñamos a otros, que a su vez nos siguen haciendo crecer y mejorar.
Al menos en la industria de la publicidad, son muchísimas las personas que influyen en una carrera “exitosa”. Son muchísimos los que aportan para que una sola persona pueda brillar.
Están los que te dan la oportunidad de empezar. Los que sin envidia te enseñan el oficio. Los que con mucha paciencia esperan y confían en tu desarrollo. Los que creen en tus ideas: tus jefes, tu equipo, tus clientes. Los que las mejoran, los que les aportan, los que las rechazan porque no son lo suficientemente buenas, en fin. Nadie puede tener éxito por sí solo.
Llevo casi 25 años trabajando  como creativo publicitario y es mucha, muchísima la gente que me ha ayudado a alcanzar lo poco o mucho que hasta ahora he alcanzado. Desde la gente con la que tuve la enorme fortuna de empezar en esta increíble industria, hasta la gente que hoy trabaja conmigo y que me ayuda a hacer de ( anónimo ) una realidad.
Por eso cuando la gente del FIAP me avisó que me harían el honor de incluirme en el Salón de la Fama de la Publicidad Iberoamericana ( http://www.fiaponline.net/salon_fama.php ) y me pidieron que mandara una foto de “mi mano” para representarme simbólicamente en el mismo como hacen con todos los homenajeados, lo primero que me vino a la cabeza fue que yo quería, a la vez, hacer de alguna manera un pequeño homenaje a toda la gente maravillosa que ha puesto un granito de arena para que hoy yo esté donde estoy. No quería usar “mi mano” sola (que de por sí es bastante regordeta y fea…) sino ver en la placa la mano de mucha gente especial para mí, para agradecerles a todos, aunque sea de esa manera, su ayuda y apoyo durante estos 24 años.
Así que, esta es la foto que queda para la posteridad en el Salón de la Fama. Una foto llena de manos de muy distintas personas. Se las quería compartir para que vean “como quedó”, tanto a los que se tomaron el tiempo de hacerse la foto y enviármela como a los que por distintas razones no pudieron o simplemente no están. Si no les gusta, la culpa es del buen Cometa, Head of Art en ( anónimo ) que amablemente me ayudó con la composición. Están, entre otras, tu mano, Lou, que me diste la primera oportunidad y me enseñaste tanto. La tuya, Lalolopez, que me convenciste de que podía ser bueno en esto. Martita, Paquito, mis primeros jefes y maestros. Está la mano de mi querido Gibert, a quien tanto le debo y probablemente de quien más aprendí. Están las manos de Leo Burnett, David Ogilvy y Bill Bernbach representando las 3 agencias tan queridas en las que trabajé antes de fundar la mía. La mano de mis amigos Simón y Beto, siempre un apoyo y ayuda incondicionales. Yosu, Pana, Juan, Sacco, Cuervito, la Maja, Toscano, Fedo, Clau, Wera, Ray, Puppet, Mau, Charlie, Rafa, entre muchos otros con los que tuve la fortuna de trabajar y de quienes me siento tan orgulloso. Están, por supuesto las manos de mis padres, entrelazadas, como siempre los recuerdo. Las de mi familia, mis 5 mayores motivos para esforzarme y tener éxito. Las de Marco, Rock, Papaya, Balles, Queso, Ferreti, Potrillo y el resto del equipo, sin quienes no imaginaría lo que hoy es (anónimo ). Están las manos de muchos clientes que han terminado siendo amigos, socios que han creído y que creen en lo que hago y sin cuyo apoyo no hubiera podido poner una sola idea al aire. Amigos de los que he aprendido tanto cuando aprueban y celebran una idea como cuando la rechazan y nos motivan a dar más, en fin. Están las manos de amigos y gente querida y admirada de Cervecería (Heineken) y Cuervo, los dos primeros clientes que confiaron en mí como “independiente” y cuya ayuda y apoyo nunca olvidaré, en fin.
Me hubiera encantado verlos a todos en Miami hace tres semanas y que me acompañaran en el homenaje, porque si bien me lo hicieron a mí, de alguna manera es para todos ustedes que de alguna u otra manera han sido y son muy especiales para mí, sigamos o no trabajando juntos. Están  Hubiera sido imposible reunir y meter las fotos de todos los que me han ayudado ya que afortunadamente es muchísima la gente con la que he tenido la fortuna de convivir en esta industria pero, aunque no esté la mano de todos, a todos los llevo en la cabeza y en el corazón.
Muchas gracias a todos por echarme una mano durante estos 24 años.

May 5, 2014 at 12:58pm
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"Atropellamiento" →

Nuestro nuevo trabajo para “Convivencia Sin Violencia”.
Véanlo con atención. Ojalá les guste. Y sobre todo, ojalá que ayude a crear conciencia.

12:34am
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"No importa a qué te dediques, mientras seas el mejor en lo que hagas"

Don Quico, mi papá, no debe recordar siquiera que me dijo esto, hace ya muchos años, entre burlas porque la publicidad “no era un trabajo serio” y porque yo iba a trabajar vestido “como si estuviera en fin de semana”.
"Lourdes, la directora de mi grupo, me ha dicho que puedo llegar a ser muy bueno, pá, dice que en verdad tengo mucho potencial", recuerdo haberle dicho.
"¿Y qué esperabas que te dijera para que estuvieras dispuesto a trabajar sin sueldo?, ¿que además eres malísimo?", me contestó. "Ya me imagino las pláticas entre ella y tus superiores: a éste díganle que es un genio, porque no cobra un peso, no se nos vaya a ir…"
La ironía y sentido del humor de Don Quico podrían ser tema de todo un blog que algún día me daré a la tarea de escribir.
Y tal vez tenía razón, pero la realidad es que cuando le expliqué que había decidido no trabajar en el negocio familiar que él con mucho éxito estaba construyendo para empezar como trainee, sin sueldo, mi carrera como creativo publicitario en Leo Burnett, su respuesta fue clara y contundente: "Haz lo que quieras. No importa a qué te dediques, mientras seas el mejor en lo que hagas".
Cuando uno toma decisiones propias en la vida, con ellas vienen también compromisos, retos y objetivos. Gracias a esa plática con Don Quico, tomé desde entonces, tal vez de manera inconsciente, la decisión de trabajar para llegar a ser el mejor. Entonces no sabía cómo ni qué tenía que hacer. Solo sabía que lo pasaría mucho más divertido echando desmadre todo el día y "pensando ideas para anuncios" con amigos, aunque no me pagaran un peso por ello, que en cualquier otro negocio "más serio". Y sabía también, muy dentro de mí, que no ayudarle a él con un negocio que finalmente había planeado para que sus hijos pudieran tener a la larga su propia empresa, podía significar una especie de “traición” a sus propios sueños.
Así que, así empecé: en un trabajo que no conocía del todo pero que
"me parecía muy divertido" y en el que cada quincena, durante un año, fui la burla de todos mis compañeros de equipo cuando pasaban al departamento de recursos humanos a cobrar su cheque, como se hacía en aquél entonces. 
Con el tiempo, cobré. Aunque no mucho al principio, como pasa con toda la gente que empieza en este negocio. Un año y medio después, la vida me empezó a dar la razón: Dejé de ser un “trainee de medio tiempo” para convertirme en "Director Creativo Asociado", posición que emocionaba mucho a mi madre porque el "asociado" la hacía parecer como si me hubieran hecho "socio" de la agencia, un poco como ocurre con los abogados en los grandes despachos. No, no era así. De hecho, como mi base de sueldo había sido “cero” durante un año, recibí mi primera promoción apenas con un sueldo “medio decente”. Pero yo estaba muy orgulloso, para ese entonces ya amaba lo que hacía y, de alguna manera, me había brincado algunas posiciones de redactor (y tiempo) en el “organigrama”, básicamente gracias al apoyo y confianza de mi primera jefa, Lourdes Lamasney, que sí que creía que yo tenía potencial y que fue lo suficientemente valiente como para promoverme tan rápido.
"Títulos, a la nobleza. A ti que te den dinero. ¿Cuánto te van a pagar ahora?", se burló de nuevo Don Quico cuando le presumí mi “promoción”. Y sí, me habían dado un “título” que sonaba mucho más rimbombante de lo que era en realidad y que me alcanzaría apenas para sobrevivir, pero que me permitió, todavía recuerdo, invitar a comer a un restaurante “elegante” a mi mujer, junto con mi gran amigo Marco Colín y la suya, para celebrar que a ambos nos habían promovido y desde ahí surgió esa gran amistad que hasta ahora tenemos.
Escribir esta breve historia sobre mi primer “año y medio” como creativo, tiene que ver con algo que me ocurrió la semana pasada y que me tiene muy contento.
Hace un mes recibí un mail del Comité Organizador del FIAP (Festival Iberoamericano de Publicidad), que este año celebra su 45 aniversario. El FIAP es, si no me equivoco, el festival más antiguo en Iberoamérica. Es, de hecho, el primer festival en el que yo me gané un premio fuera de México y el primero al que acudí como jurado, hace ya muchos años. El mail en cuestión era para avisarme que, en su edición 45, el FIAP tenía mucho gusto en notificarme que este año sería un honor que aceptara la distinción como nuevo miembro del "Salón de la Fama de la Publicidad Iberoamericana”, junto a otro mexicano que respeto y admiro muchísimo, Don José Terán (QEPD), toda una institución y una leyenda de la publicidad mexicana, fundador de Terán TBWA, en mi opinión una de las mejores y más consistentes agencias en México desde hace muchos años. 
He de decir que, aunque la noticia me puso muy, muy feliz, me sacó un poco de onda también, ya que siempre había pensado que este tipo de distinciones y reconocimientos se le hacen a la gente cuando “ya va de salida” de la industria, cuando ya es mayor, o, en algunos casos, como el de Don José Terán, de manera póstuma. 
"Tengo 46 años, me siento muy joven, hace apenas 5 que me independicé y es mucho, muchísimo lo que me falta por hacer", pensé.
Pero por supuesto, más allá de que tal vez sí, ya esté “mayor” para los estándares de esta industria, tan llena de talento joven, la noticia me llenó de orgullo, sobre todo cuando me metí al sitio del Salón de la Fama
http://www.fiaponline.net/salon_fama.php ) y vi ahí los nombres de personas que durante mucho tiempo en mi carrera han sido mis ídolos, ejemplos e inspiración: Nizan Guanaes, Washington Olivetto, Agulla & Baccetti, Marcello Serpa, Bob Scarpelli, Toni Segarra, entre muchos otros realmente grandes, todos íconos de la publicidad en la región y en el mundo. También me dio mucho gusto ver que compartiría el “Salón de la Fama” con otros cuatro mexicanos: mi padre publicitario, Enrique Gibert, mi querido amigo y hermano Simón Bross y Ana María Olabuenaga, tres verdaderas leyendas de nuestra industria y a quienes yo admiraba y veía como ejemplo cuando arranqué sin sueldo en aquella época en Leo Burnett, además de Luis Miguel Messianu, gran amigo que, si bien hizo su carrera en el mercado hispano de los Estados Unidos, ha puesto en alto el nombre de México desde allá.
Sí, sé que a los creativos nos encanta “ganar y presumir nuestros premios”, pero para mí, esto es diferente. El que se me haya considerado para compartir esta distinción con todas esas personas, lo hace realmente especial y por eso me atrevo a escribir sobre ello. Porque pienso que es, aunque no lo haya buscado conscientemente, un objetivo cumplido, 24 años después. Un paso más para hacerle honor a eso que me dijo Don Quico. 
¿Seré el mejor en lo que hago?
No. Definitivamente no. Lo que no sabíamos ni Don Quico ni yo cuando tuvimos esa plática hace tantos años, es que en la publicidad hay tanto, tanto talento, que es dificilísimo llegar a ser el mejor, así que él tendrá que conformarse con esto, aunque yo seguiré trabajando todos los días para ser cada vez mejor, eso sí. No “el mejor”, pero sí cada vez mejor. Es eso lo único que uno debe exigirse a sí mismo en cualquier cosa que emprende, como bien dice mi amigo Lalo López"hacerlo siempre lo mejor posible, lo demás no depende de ti". Después, si eso te alcanza para ser el mejor o no, no importa, mientras seas cada vez mejor…que tú mismo.
Es un orgullo, pues, formar parte del "Salón de la Fama de la Publicidad Iberoamericana". En esta industria tan complicada y en la que es tan difícil destacar a lo largo del tiempo es increíble que alguien, quien sea, reconozca tu trayectoria y te haga el honor de poner tu nombre junto al de gente que ha sido tu ejemplo, que admiras y respetas. Mucho más cuando todavía eres (o “te sientes”) muy joven y tienes tantos objetivos por cumplir, tantos planes por realizar y tantas cosas por lograr. Para mí este reconocimiento, independientemente del “ego boost” que supone, ha sido una inyección de energía y una pequeña muestra de que si bien me falta mucho por hacer, el camino que elegí hace casi 25 años, es el correcto. Es un orgullo y un gusto, como mexicano, como padre, como hijo, como líder de una organización y como el primer representante de una nueva generación de creativos mexicanos muy talentosos, muchos de los cuáles merecen estar ahí también y estoy seguro lo estarán pronto.
Escribiré en otro post sobre toda la gente a la que tengo que agradecerle su ayuda para haber alcanzado esto, pero por lo pronto, quiero terminar escribiendo sobre esa persona que hace 25 años me dijo “no importa a qué ye dediques, mientras seas el mejor en lo que hagas”: Don Quico.
Pienso que si Don Quico se hubiera dedicado a la publicidad, hace mucho tiempo que estaría en “el salón de la fama”. Don Quico es un gran, gran creativo. Un ejemplo sobre cómo se debe vivir y de cómo se deben encarar todos los problemas y retos que te plantea la vida. He tenido la enorme fortuna de conocerlo desde que nací, de tenerlo como padre y de aprender de él sobre todas las cosas. Y es sin duda en muy buena medida gracias a él que yo soy la persona que soy hoy, en todos sentidos. No conocí a nadie con una manera tan positiva de ver la vida como a él. Puedo contar con los dedos de la mano las veces que lo he visto enojado durante los 46 años que tengo de convivir con él. Es, de hecho, probablemente la única persona que conozco a la que jamás he escuchado hablar mal de nadie y, por supuesto, de la que jamás, nadie, me ha hecho un comentario negativo.
Recuerdo con mucho orgullo el cariño y respeto con el que toda la gente con la que trabajaba cuando era un ”director importante”, se refería a él: siempre como una persona que enseñaba, ayudaba y apoyaba a todo el mundo. Una persona a la que todo el mundo admiraba. Un líder al que todo mundo seguía. No importaba qué tan importante fuera, jamás se la creía y nunca miraba a nadie hacia abajo, una virtud tan importante como escasa en los “jefes” de las grandes organizaciones. 
En fin. Hoy Don Quico está pasando por un reto más en su vida. Un reto muy importante: Está enfrentándose a un cáncer. Y eso, no lo ha cambiado en nada. Sigue sin estar jamás de mal humor, siempre positivo, siempre con la mejor actitud, viviendo esta etapa con entereza y, sobre todo, con la certeza de que va a salir adelante, como lo ha hecho siempre, porque también le faltan muchas cosas por hacer. Uno pensaría que no, pero mi papá tiene muchísimos proyectos en su vida, a los 76 años. Se “jubiló” hace años solamente para dedicarse 100% a su propio “proyecto independiente”, en el que crea y vende ideas todo el tiempo. Se levanta más temprano que yo a trabajar y no para un segundo. Tiene una mujer maravillosa, mi mamá, que es su compañera y apoyo y con la que le fascina viajar, convivir, compartir. Un matrimonio de más de 50 años que pareciera seguir "de luna de miel"
Yo quería que Don Quico, junto a mi mami, Marta, me acompañara a Miami la semana pasada a recibir este premio. Me habría dado mucho gusto que estuviera ahí para que viera que hice caso a eso que hace 25 años me pidió. Pero, ironías de la vida, justo al día siguiente del homenaje le tocaba su primera dosis de "elixires de sanción" (así les llamamos en mi familia a las quimios, por idea y orden de Lalo López, otro gran ejemplo de vida) así que le fue imposible acompañarme. 
Así que ya que no pudo estar conmigo, quería escribir esto para agradecerle eso que me pidió cuando empezaba mi carrera, dedicarles de corazón a él a y a mi mamá este reconocimiento y pedirle, así como él me lo pidió a mí, que ahora que está viviendo este proceso para recuperar su salud, recuerde que el poder para sanarse está en la mente de cada uno, así como en lo que cada uno de nosotros cree firmemente que puede alcanzar, para que se convenza de que puede lograr lo que él quiera y le ayude a su tratamiento trabajando todos los días para "ser el mejor en lo que hace".
Gracias, pá.
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March 25, 2014 at 1:30am
4 notes

Ustedes son mis creativos favoritos. →


Hace unos días me desperté con una linda noticia. Abrí Twitter y vi que mucha gente me felicitaba por un artículo en Merca2.0 sobre "los publicistas favoritos de los mexicanos” ( http://www.merca20.com/los-publicistas-favoritos-de-los-mexicanos/ ) en el que aparecí en el primer lugar entre los 5 primeros cuando le preguntaron a una muestra de más de 3,000 personas “¿quién es tu creativo favorito?"…

No sé si el tamaño de la muestra alcance para afirmar que yo o alguno de los otros 4 en la lista seamos realmente “el publicista favorito de los mexicanos”, sobre todo si reflexionamos un poco sobre el hecho de que a casi ningún mexicano le gusta la publicidad y que la gran mayoría hace todo lo posible por evitarla, pero tampoco puedo negar que me dio mucho gusto verme en esa lista en la que, por cierto, creo que hay muchos otros que también merecerían estar. Ahora, si votaron por mí uno, diez o tres mil, o si lo hizo mi mamá tres mil veces una tras otra (no dudo que sería capaz) o si la muestra es chica o grande, me da igual. La verdad es que se siente muy bien que te reconozcan por lo que haces y saber que gente que ni siquiera tienes el gusto de conocer considera que eres bueno en ello. Es lindo pensar que después de tantos años en esto tu trabajo puede ser un ejemplo y que tú puedes ser referente para alguien que quizás ni siquiera tiene nada que ver directamente contigo y a quien probablemente ni siquiera conoces.

Durante el día me llovieron en Twitter y Facebook felicitaciones de mucha gente: amigos de la industria, de la escuela, de la vida, familiares y, por supuesto, mi papá y mi mamá, que  estaban súper orgullosos. Recibir un reconocimiento no te hace mejor ni peor de lo que eras antes, pero sí te confirma que aquello que haces con convicción, con ganas y con mucha pasión todos los días termina por hacer que te vaya bien. Es un motivador para seguir adelante y para tratar de seguir mejorando. Pero sobre todo, y es por eso que escribo este post, es también un recordatorio de toda esa gente que te ha ayudado en tu carrera, de toda esa gente que te ha dado una mano, enseñado, apoyado, impulsado y que no está en esa lista, pero hace posible que tú sí estés. Yo no me considero mejor ni peor que nadie haciendo lo que hago, pero si me considero un tipo muy afortunado, porque desde el primer día que empecé en la publicidad, hace ya mucho tiempo, he tenido la suerte de trabajar para y con gente fantástica en Leo Burnett, Ogilvy, Gibert, DDB y ahora en ( anónimo ) a la que le he aprendido muchísimo y que también me ha dado muchísimo. Toda esa gente, mis jefes, mis equipos, mis clientes, mis proveedores, mis socios, mis amigos, han hecho posible que algunas personas me consideren “su creativo favorito” y por eso quiero agradecerles a todos, absolutamente todos aquellos que se han cruzado en mi carrera, por ayudarme a estar donde estoy.
No puedo nombrarlos a todos porque la lista sería interminable y porque seguramente se me iría el nombre de algunos, pero en verdad quiero que sepan, los que lean este post y los que no, que estoy consciente de que en la publicidad los logros casi nunca son individuales sino de mucha gente y que no olvido que todo lo que en su momento hicieron y hacen por mí y por mi carrera es lo que me hace ser quien soy. No importa si son trainees, creativos, de cuentas, planners, productores, músicos, fotógrafos, editores, directores o clientes. Les agradezco mucho su ayuda y apoyo y les digo que todos ustedes son "mis creativos favoritos". 
Muchas gracias a todos, de corazón.

March 3, 2014 at 4:47pm
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Reblogged from whatsonfireblog
whatsonfireblog:

Bienvenidos a una nueva edición de esta entrevista sin preguntas.
La vez pasada le tocó a José Mollá y ahora es el turno de Raúl Cardós, quien comandó la mítica Gibert DDB, la agencia que marcó una época en la publicidad mexicana y formó a varios de los actuales dueños de las más exitosas agencias independientes como “ArrechederaClaverol”, “Made”, de Yosu Arangüena y obviamente la suya propia (anónimo)En esta autoentrevista, Raúl le rinde homenaje a la profesión, a colegas, amigos y, por supuesto, a su maravillosa familia. Disfruten:
We try harder. Bernbach y su equipo en DDB escribieron este slogan para Avis a principios de los 60’s: “We’re only number two, that’s why we try harder”.  Hay que ver lo que era la publicidad en esa época. A qué se atrevían los clientes y a qué no. En qué contexto trabajaban los creativos y qué tipo de ideas les compraban. Y Bernbach no solamente se atrevió, sino que dió con un insight increíble y una manera de comunicarlo todavía más increíble. Un concepto así solamente se puede vender cuando existe entre el cliente y su agencia una relación de total confianza, de absoluta credibilidad en el trabajo del otro. Eso es justo lo que tenía Robert Townsend, CEO de Avis, en Bernbach: confianza. Eso es, en mi opinión, lo que tenemos que construir con nuestros clientes todos los días para venderles ideas y dejar de una vez atrás el mediocre “es que el cliente es un pendejo”. El cliente no es un pendejo. El cliente se arriesga de la mano de su agencia, cuando confía. Avis nos lo demostró hace más de 40 años, como nos lo demuestran muchas otras marcas, todos los días. Avis confiaba en DDB y DDB se comprometía con Avis, a tal grado que Townsend escribió un memo y lo hizo enmarcar en las paredes tanto de sus oficinas como de las de la agencia. Yo nací en 1968, algunos años después de que Bernbach escribió esa genialidad y Townsend ese memo. Y lo vi mucho tiempo antes de saber siquiera que me dedicaría a esto. Y me tocó, me hizo ver que la publicidad era mucho más que “publicidad”. Me pareció tan verdadero como genial. “Debe ser increíble ser tan inteligente como para escribir algo así”, pensé. Sigo pensando que algún día lo haré.


Hazte caso. Aprende a escucharte, a entender lo que sientes y lo que tu estómago está queriendo decirte. Si tu estómago te dice que algo está mal, seguramente lo está. Si algo no te late, no lo hagas, no lo aguantes, no lo mantengas. El estómago no se equivoca. De un año a la fecha he aprendido mucho al respecto, desafortunadamente, a madrazos. Me pasó un par de veces, para ser concretos. Tomé dos decisiones que tenían que ver con gente y al poco tiempo, en ambos casos, mi estómago me dijo que me había equivocado, que estaba mal, que tenía que hacer algo. Y en ambos casos me tardé demasiado en hacerlo. Aguanté, por miedo. Grave error. Hoy apenas estoy terminando de pagar las consecuencias de esas estupideces, de no haberme hecho caso, de no haber querido ver lo que era evidente. No todo es lo que parece, mucho menos en esta industria, en la que somos tan proclives a poder contar sólo lo bueno. En los negocios como en la vida, hay que entender, siempre, que somos nuestros mejores consejeros y que podemos engañar a todo mundo, pero no a nosotros mismos. Hay que confiar más en lo que sentimos y actuar en consecuencia. Hazte caso, siempre.

Adidas.  Una anécdota que demuestra lo frágil y efímera que es la alegría en los festivales publicitarios. Cansados de quedar en shortlist en la categoría de “autos”  en el festival de Cannes, decidimos inscribir una pieza a la que le teníamos mucha fe, con un pequeño truco. Se trataba de un anuncio de “despedida al Vocho”. “Es un anuncio de despedida, claro!”, pensamos, “en estricta teoría, este spot podría ser considerado un anuncio de imagen corporativa y no del auto, metámoslo en esa categoría, ahí siempre hay anuncios de hueva de instituciones financieras y demás”. Brillante idea. Y así lo hicimos. El ingenio del mexicano. Fuimos muy astutos. Y el spot paso al shortlist. Y  fuimos al screening. Había 7 spots en el shortlist. El nuestro era el cuarto. Pasaron los tres primeros, efectivamente, de instituciones financieras y aseguradoras. Y la gente les chifló y abucheó. Y vino entonces el nuestro. Y la gente aplaudió. Mucho. “Seguro tenemos un León!! Y de Oro!!”, pensamos. Hasta que vimos, 20 segundos después, que a los creativos de 180, la agencia de Adidas, se les había ocurrido hacer exactamente lo mismo. Y vimos los spots de lanzamiento de “Impossible Is Nothing”. Y Muhammad Ali nos dió un puñetazo en la esperanza y otro más certero en el ego. Y nos noqueó. Nos quedamos tirados sangrando en la lona: en el shortlist. Al año siguiente volvimos, con otro spot de VW, para el Golf GTI. Y lo inscribimos en autos, como corresponde, sin trucos. Y ganamos un León. Sí, bien dicho Adidas: Impossible is Nothing.

Tengo cuatro hijos: Ximena, Sebastián, Emiliano y Nicolás. “Una exageración”, pensarán muchos. Más en ésta época. Tener cuatro hijos no es común. Pero tener hijos es, en mi opinión, lo mejor que le puede pasar a cualquier ser humano. Como lo es ser lo suficientemente afortunado para contar con una cómplice que los cuide, los eduque y los desarrolle de la mejor manera posible aún cuando tú por tu trabajo o por circunstancias de la vida no puedas verlos tanto como quisieras. Cada hijo es especial. Cada uno es un reto, un motivador, una razón para triunfar. Para entender muy bien lo que realmente vale la pena en la vida. Los hijos son un paraíso, una medicina contra todo, aún cuando pases mucho tiempo teniendo que regañarlos, o preocupado por ellos, por lo qué harán con su vida, por cómo les va a ir. No importa qué tan malo o lleno de presión esté tu día, tener hijos hace que siempre acabe bien. Verlos, abrazarlos, escucharlos, hace que cualquier problema desaparezca, que cualquier premio importe nada, que cualquier otra cosa te parezca poco importante. Al menos a mí me pasa así. Mis hijos son lo mejor que me ha dado la vida y lo más maravilloso que tendré jamás. Son mis mejores amigos y mi razón para vivir. Si quieres saber lo que se siente ser un héroe de verdad para alguien, ten un hijo. Yo soy un héroe para cuatro. Soy un afortunado.


Simón Bross. Mi hermano Simón. A la familia no la escoges, a los amigos, sí. Por eso tus amigos terminan siendo tus hermanos. No recuerdo habérselo dicho mucho a Simón, así que aprovecho este espacio para hacerlo. En casi todos los grandes recuerdos que tengo de mi carrera hasta ahora, en casi todos los premios, las buenas anécdotas, los momentos difíciles, los fracasos y los éxitos, está presente mi hermano Simón. Siempre echándome a mano, siempre aconsejándome, muchas veces salvándome de mis propias estupideces y errores, siempre ahí. Hemos hecho juntos grandes anuncios, peloteado grandes ideas, hemos hecho cine, dado conferencias, contado chistes, escrito juntos, me lanzó como actor y me enseña cada vez que lo veo. Cuando tengo una duda, cuando necesito un consejo, le llamo a Simón, a donde quiera que esté. Hemos hecho muchas cosas juntos, pero sobre todo, nos hemos hecho grandes amigos. Simón es una de las muchas cosas que tengo que agradecerle a esta profesión. Pienso que el éxito o fracaso de tu carrera como creativo tiene mucho que ver con tu talento, pero también con el talento y apoyo de la gente que te rodea, que te ayuda y te hace crecer. Esa gente te cambia la vida. Tus jefes, socios, clientes, equipos, proveedores, todos. Tengo mucha gente a quién agradecer muchas cosas, pero especialmente a 4 personas sin cuya influencia no estaría donde estoy: Lalo López, que me invitó a trabajar en publicidad, Lourdes Lamasney, que creyó en mí y me dio mi primera oportunidad, Enrique Gibert, que me convirtió en un mejor líder y me enseñó lo poco que sé de ser un creativo “empresario” y Simón, que ha estado ahí, siempre, en todas y cada una de las etapas de mi carrera. No olvidaré que cuando dejé DDB para fundar ( anónimo ), cosa que sonaba como una gran estupidez, fuiste tú, Simón, quien me apoyó, me prestó una oficina y me alentó a perseguir este sueño. Uno jamás debe olvidar a la gente que le tiende una mano. Muchas gracias a todos los que lo han hecho conmigo, en especial a ti, Simón, hermano del alma.

Oro, 7 puntos. Plata, 5. Bronce, 3. Shortlist, 1. Así se mide nuestro éxito en la publicidad hoy día. Una obligación. Para muchos, una obsesión. “¿Cuántos puntos llevamos?”, “¿En qué lugar estamos?”, “¿cuál es la red del año?”…”Venga, Publicis!”, “Vamos, WPP!!”, “Otra vez Omnicom, carajo!”. No importa si la idea salió o no. Lo que importa es sumar, aportar al ranking, destacar. Llenar de trofeos la agencia. Decir que somos los mejores, que la tenemos más grande, ser “reconocidos”. “No, ese festival no es importante, no suma para el Gunn Report" (un genio el Sr. Gunn) No importa si tu trabajo ha dado de qué hablar entre la gente, lo que termina importando es lo que un juez japonés que entiende poco inglés y nada de castellano opine sobre tu pieza, previo pago de unos cuantos cientos de euros, por supuesto. O lo que un director de arte holandés que nunca ha visitado tu país y que probablemente ni siquiera sepa donde está, piense sobre el nivel de terminado de la ilustración, o sobre el retoque de la foto. "Sería un oro, pero el retoque no es perfecto, yo la voto para plata". "Una idea similar se hizo en mi país hace unos 12 o 13 años, no recuerdo bien, pero tengo la sensación de haberla visto antes". Y ahí estamos todos, preguntando a la prensa, a nuestros amigos, a "nuestro jurado", si "saben algo", si tenemos un oro, una plata, o un bronce. Opinamos, aplaudimos, nos felicitamos, criticamos, sufrimos…pagamos. Sí, pagamos para que otros opinen sobre nuestro trabajo. Lo chistoso, es que casi nunca conocemos esa opinión ni podemos aprender de ella, a menos, claro, de que "conozcamos a alguien en el jurado", de que "tengamos conectes". "Ojo que nos dijo el jurado argentino que Serpa dijo que tu pieza estaba buena"…"uff, wow! eso ya es un premio en sí mismo", aunque no sepamos nada más.  Lo único que sabemos es "si pasó o no al shortlist", si tenemos un oro, una plata, o un bronce. "La pieza es un bronce, pero me dicen que esta noche se reúne fulanito con el jurado español y el hindú (¿¿¿el hindú???) para tratar de hacer bloque y subirla a plata". "Yo le rescaté al alemán una pieza que no había pasado al shortlist, así que me debe un favor, tú tranquilo…". Es increíble el tema de los premios y hasta donde lo hemos llevado. Hasta donde lo hemos dejado llegar. A un punto en el que a muchos se les va la vida en ello. Los premios son fantásticos y por supuesto que está buenísimo ganarlos, pero siento que los estamos desvirtuando cada vez más. Recuerdo la primera vez que me gané un "oro" en un festival. Fue en el Círculo Creativo de México. No lo podía creer. Llamé a mi mamá, que se puso feliz de la emoción, aunque no entendía muy bien por qué alguien le daría un premio a “un comercial”. Recuerdo mi primer León, en 1997, el primero para México. Fue un bronce. Y la industria entera se conmocionó. Los medios nos hicieron una fiesta, entrevistas en la tele, en fin. No importaba si el bronce había sumado 3 puntos. No importaba el ranking, importaba el reconocimiento al trabajo. Hoy, un bronce es muy poca cosa. Hay equipos que vuelven a casa decepcionados, derrotados porque ganaron “sólo 2 bronces”. El ranking, en mi opinión, acabó con la ilusión. La obligación por ganar premios para ser reconocidos, le está quitando el chiste a ganarlos. Hoy Cannes debe ser un negocio mucho más rentable que muchísimas de las agencias que gastan fortunas inscribiendo sus piezas. Una de las ideas más rentables que ha dado la publicidad y no es de los publicistas.No. No lo hagas. No te vayas. No dejes esta posición. No te arriesgues. No renuncies. No cambies. No te irá tan bien como ahora. No tendrás soporte, ni apoyo. No vas a poder trabajar para grandes marcas, porque las grandes marcas están todas alineadas con las grandes agencias. No, no, no. Es increíble la cantidad de “NOs” que uno recibe cuando se le ocurre una idea. La que sea. Y es que en la publicidad, como en la vida, es muy sencillo opinar en contra de una idea. Cualquiera puede destruir, pero no cualquiera puede construir. Cualquiera puede decirte por qué no debes hacer tal o cual cosa, pero se requiere ser más inteligente para ayudarte a encontrar por qué sí. El “NO” es una palabra cuyo significado hay que saber entender muy bien, para que te sirva de reflexión pero que no te asuste ni te paralice. Hay que saber cómo recibir un “NO” y qué hacer con él, como también es importante saber cuando y a qué decir que NO. Eso te lo van enseñando los años. Dí que no a todo aquello con lo que no estés de acuerdo, pero trata también de no decir que no a todas las ideas que alguien más te plantea. Construye sobre lo que otros dicen, ayúdalos a mejorar y eso te hará mejor a ti. Intentar encontrarle a cualquier cosa el sí, dar con la manera en que se puede llevar a cabo, es un gran ejercicio mental. Búscalo antes de decir que no. Y sobre todo, no permitas, nunca, que nadie te diga que no puedes hacer aquello que tú sabes que puedes hacer.

Fracaso. Cuando a uno le va relativamente bien, llega un  momento en el que es fácil pensar que jamás habrá un fracaso. Nada más falso. No conozco a nadie que sea muy exitoso y que no haya fracasado nunca. El fracaso es una parte fundamental del éxito. Casi un requisito para alcanzarlo. Está bien cagarla. Y cuando uno la caga, está bien cagarla en grande. Yo le tenía mucho miedo al fracaso, hasta que entendí que no pasa nada si fracasas, mientras aprendas, corrijas y sigas adelante. Mientras salgas más fuerte de la experiencia y entiendas lo que hiciste mal. Todo mundo fracasa, aunque no todo mundo lo acepta. Mientras más crezco más entiendo el fracaso como algo normal, como parte de un proceso de crecimiento y como señal de que estoy intentando hacer cosas nuevas, diferentes, de que me estoy atreviendo a algo y de que estoy tratando de evolucionar. Mide tus fracasos como lo que son, acéptalos y déjalos atrás. Si eres bueno, al final siempre te irá bien. Nada de lo que hagas va a hacer que el mundo se acabe, así que no pasa nada. Dale siempre para adelante y fracasa para tener éxito.Independencia. Una palabra tan seductora como sobrevalorada. Tan deseada como difícil. Ser independiente suena increíble, pero también es mucho más complicado de lo que parece, al menos en mi experiencia. Dicen que hay quienes nacen con el espíritu para ser independientes y quienes no. En mi caso, nunca lo vi así. Nunca me planteé a mí mismo que “algún día tendría mi propio negocio” o que “sería mi propio jefe”, tal vez porque siempre me vi como “mi propio jefe”. Fui muy feliz trabajando en grandes agencias. Aprendí mucho y me dieron mucho. No culpo a los que se quedan toda la vida en una corporación ni los tacho de cobardes o inseguros, como tampoco me considero especialmente valiente por haber dejado la comodidad de una red para emprender mi negocio. Pienso que la vida te va llevando por distintos caminos y te hace ir tomando decisiones que en su momento son mejores para ti. Yo dejé el mundo corporativo en el momento en que mejor me iba. No lo hice por desesperación, frustración o por miedo a que me fueran a correr. Lo hice porque pensé que era el momento, porque pensé que tenía que probar, plantearme un nuevo reto y ver qué sucedía. De hecho, lo hice un poco por miedo a arrepentirme de no haberlo hecho cuando llegara el fin de mi carrera. Y lo volvería a hacer igual, con todo lo que eso implica. Dicen por ahí que “si quieres comer mal y dormir bien hay que ser empleado, y que si prefieres comer bien y dormir mal, hay que ser dueño”. Ser independiente me ha costado mucho, en muchos sentidos, pero me ha dado mucho más. Me ha obligado a seguir aprendiendo, a saber lo que es empezar de vuelta, tener miedo, pararme a la orilla de un abismo y saltar. Llevo 4 años y fracción tratando de construir una agencia independiente, sólida, exitosa, un lugar en el que pueda ser feliz. Es mucho lo que me falta por hacer. Hoy, 4 años después, estoy lejos, muy lejos de donde quiero estar, en todos sentidos. Pero tener claro a dónde quiero llegar y saber que depende de mí es lo que me motiva a levantarme a trabajar todos los días.

Ríete mucho. De lo que ves, de lo que vives, de la vida, de ti mismo. Es una fórmula infalible para crecer como creativo. No tengas miedo al ridículo, no tengas miedo a la crítica. Acéptala, entiéndela y ríete. Ríete siempre, mucho, de ti. Haz que otros rían también. Eso da seguridad y la seguridad trae grandes beneficios, le ayuda mucho a la personalidad. ¿Por qué eres creativo?, me preguntaron en una entrevista. “Porque muy joven me di cuenta de que se me estaba cayendo el pelo y de que no iba a crecer mucho más allá del 1.63, pero me gustaban las mismas mujeres que a mis amigos, altos, con largas cabelleras y guapos, así que algo tenía que hacer” contesté. En esencia, entendí donde estoy parado, cuál era mi realidad y cuál debería ser mi “ventaja competitiva”: reír. Hacerlas reír. La risa desarma, abre, ayuda, te vuelve atractivo como ser humano. Ser creativo paga, en todos sentidos. No estoy hablando de la publicidad, estoy hablando de la vida. Nunca dejes de reír.
El quinto partido. Maldita sea. Estamos a 4 meses del mundial. Yo amo el fútbol. Y amo más a mi país. Por eso me indigna, me pone de muy mal humor, que mundial tras mundial nos pongamos como meta “el quinto partido”. Una meta mediocre y sin sentido que ejemplifica en buena medida por qué México no alcanza su máximo potencial, no solamente en el fútbol, sino en todo lo demás. No entiendo por qué los mexicanos nos ponemos metas tan bajas. Por qué nos da miedo comprometernos a más, aspirar a más, pensar que podemos hacer más. Para los que no están interesados en el fútbol, les explico: el quinto partido significa llegar a cuartos de final en un mundial y volver a casa. Es decir, significa no ganar nada. Pero eso es a lo que aspiramos. ¿Por qué? porque es una meta relativamente fácil, alcanzable. Porque tiene que ver con hacer poco. “Es ser realistas”, dirán muchos. A mí me parece deprimente y mediocre. Si no eres mexicano y estás leyendo esto, tal vez lo entiendas mejor. No, no somos una potencia futbolística, pero lo seremos menos si seguimos poniéndonos ese tipo de “objetivos”. Si vamos a ir a un mundial, pienso que deberíamos ir creyendo que lo vamos a ganar, al menos que lo podemos ganar y prepararnos mentalmente para ello, aunque después no pasemos ni de la primera ronda. No importa. El tema pasa por la mentalidad. Por creer en uno mismo. Y eso le hace mucha falta a México: creer más en sí mismo. Como creen en sí mismos otros países. Por eso los alemanes nos sacaron de un mundial dos veces, una de ellas en nuestra casa, en penales. Por eso nos sacó Argentina en el 2006, en un partido que jugamos mucho mejor, que merecíamos ganar. De nuevo, porque lo merecíamos, pero no lo creímos. Yo estaba en el estadio y viví una energía muy especial en ese partido. Se sentía que México lo iba a ganar. Se veía, se podía tocar. Pero por alguna extraña razón, los once chavos que estaban en la cancha dejaron de creer. Tal vez porque pensaron que llegar al quinto partido estaba muy cabrón. Y Maxi Rodríguez sí lo creyó. Y le pegó al balón creyéndolo y nos ganaron en tiempo extra. El quinto partido es una maldición para México. Nos hace mucho mal. Tenemos que dejar de pensar en el quinto partido del mundial, de la publicidad, de la economía, de cualquier cosa que hagamos. Tenemos que creer que ganaremos un mundial. Que podemos ser los mejores, porque podemos serlo. No hay nada malo en creer.
Raúl Cardós.

whatsonfireblog:

Bienvenidos a una nueva edición de esta entrevista sin preguntas.

La vez pasada le tocó a José Mollá y ahora es el turno de Raúl Cardós, quien comandó la mítica Gibert DDB, la agencia que marcó una época en la publicidad mexicana y formó a varios de los actuales dueños de las más exitosas agencias independientes como “ArrechederaClaverol”, “Made”, de Yosu Arangüena y obviamente la suya propia (anónimo)

En esta autoentrevista, Raúl le rinde homenaje a la profesión, a colegas, amigos y, por supuesto, a su maravillosa familia. Disfruten:

We try harder. Bernbach y su equipo en DDB escribieron este slogan para Avis a principios de los 60’s: “We’re only number two, that’s why we try harder”.  Hay que ver lo que era la publicidad en esa época. A qué se atrevían los clientes y a qué no. En qué contexto trabajaban los creativos y qué tipo de ideas les compraban. Y Bernbach no solamente se atrevió, sino que dió con un insight increíble y una manera de comunicarlo todavía más increíble. Un concepto así solamente se puede vender cuando existe entre el cliente y su agencia una relación de total confianza, de absoluta credibilidad en el trabajo del otro. Eso es justo lo que tenía Robert Townsend, CEO de Avis, en Bernbach: confianza. Eso es, en mi opinión, lo que tenemos que construir con nuestros clientes todos los días para venderles ideas y dejar de una vez atrás el mediocre “es que el cliente es un pendejo”. El cliente no es un pendejo. El cliente se arriesga de la mano de su agencia, cuando confía. Avis nos lo demostró hace más de 40 años, como nos lo demuestran muchas otras marcas, todos los días. Avis confiaba en DDB y DDB se comprometía con Avis, a tal grado que Townsend escribió un memo y lo hizo enmarcar en las paredes tanto de sus oficinas como de las de la agencia. Yo nací en 1968, algunos años después de que Bernbach escribió esa genialidad y Townsend ese memo. Y lo vi mucho tiempo antes de saber siquiera que me dedicaría a esto. Y me tocó, me hizo ver que la publicidad era mucho más que “publicidad”. Me pareció tan verdadero como genial. “Debe ser increíble ser tan inteligente como para escribir algo así”, pensé. Sigo pensando que algún día lo haré.




Hazte caso. Aprende a escucharte, a entender lo que sientes y lo que tu estómago está queriendo decirte. Si tu estómago te dice que algo está mal, seguramente lo está. Si algo no te late, no lo hagas, no lo aguantes, no lo mantengas. El estómago no se equivoca. De un año a la fecha he aprendido mucho al respecto, desafortunadamente, a madrazos. Me pasó un par de veces, para ser concretos. Tomé dos decisiones que tenían que ver con gente y al poco tiempo, en ambos casos, mi estómago me dijo que me había equivocado, que estaba mal, que tenía que hacer algo. Y en ambos casos me tardé demasiado en hacerlo. Aguanté, por miedo. Grave error. Hoy apenas estoy terminando de pagar las consecuencias de esas estupideces, de no haberme hecho caso, de no haber querido ver lo que era evidente. No todo es lo que parece, mucho menos en esta industria, en la que somos tan proclives a poder contar sólo lo bueno. En los negocios como en la vida, hay que entender, siempre, que somos nuestros mejores consejeros y que podemos engañar a todo mundo, pero no a nosotros mismos. Hay que confiar más en lo que sentimos y actuar en consecuencia. Hazte caso, siempre.



Adidas.  Una anécdota que demuestra lo frágil y efímera que es la alegría en los festivales publicitarios. Cansados de quedar en shortlist en la categoría de “autos”  en el festival de Cannes, decidimos inscribir una pieza a la que le teníamos mucha fe, con un pequeño truco. Se trataba de un anuncio de “despedida al Vocho”. “Es un anuncio de despedida, claro!”, pensamos, “en estricta teoría, este spot podría ser considerado un anuncio de imagen corporativa y no del auto, metámoslo en esa categoría, ahí siempre hay anuncios de hueva de instituciones financieras y demás”. Brillante idea. Y así lo hicimos. El ingenio del mexicano. Fuimos muy astutos. Y el spot paso al shortlist. Y  fuimos al screening. Había 7 spots en el shortlist. El nuestro era el cuarto. Pasaron los tres primeros, efectivamente, de instituciones financieras y aseguradoras. Y la gente les chifló y abucheó. Y vino entonces el nuestro. Y la gente aplaudió. Mucho. “Seguro tenemos un León!! Y de Oro!!”, pensamos. Hasta que vimos, 20 segundos después, que a los creativos de 180, la agencia de Adidas, se les había ocurrido hacer exactamente lo mismo. Y vimos los spots de lanzamiento de “Impossible Is Nothing”. Y Muhammad Ali nos dió un puñetazo en la esperanza y otro más certero en el ego. Y nos noqueó. Nos quedamos tirados sangrando en la lona: en el shortlist. Al año siguiente volvimos, con otro spot de VW, para el Golf GTI. Y lo inscribimos en autos, como corresponde, sin trucos. Y ganamos un León. Sí, bien dicho Adidas: Impossible is Nothing.



Tengo cuatro hijos: Ximena, Sebastián, Emiliano y Nicolás. “Una exageración”, pensarán muchos. Más en ésta época. Tener cuatro hijos no es común. Pero tener hijos es, en mi opinión, lo mejor que le puede pasar a cualquier ser humano. Como lo es ser lo suficientemente afortunado para contar con una cómplice que los cuide, los eduque y los desarrolle de la mejor manera posible aún cuando tú por tu trabajo o por circunstancias de la vida no puedas verlos tanto como quisieras. Cada hijo es especial. Cada uno es un reto, un motivador, una razón para triunfar. Para entender muy bien lo que realmente vale la pena en la vida. Los hijos son un paraíso, una medicina contra todo, aún cuando pases mucho tiempo teniendo que regañarlos, o preocupado por ellos, por lo qué harán con su vida, por cómo les va a ir. No importa qué tan malo o lleno de presión esté tu día, tener hijos hace que siempre acabe bien. Verlos, abrazarlos, escucharlos, hace que cualquier problema desaparezca, que cualquier premio importe nada, que cualquier otra cosa te parezca poco importante. Al menos a mí me pasa así. Mis hijos son lo mejor que me ha dado la vida y lo más maravilloso que tendré jamás. Son mis mejores amigos y mi razón para vivir. Si quieres saber lo que se siente ser un héroe de verdad para alguien, ten un hijo. Yo soy un héroe para cuatro. Soy un afortunado.




Simón Bross. Mi hermano Simón. A la familia no la escoges, a los amigos, sí. Por eso tus amigos terminan siendo tus hermanos. No recuerdo habérselo dicho mucho a Simón, así que aprovecho este espacio para hacerlo. En casi todos los grandes recuerdos que tengo de mi carrera hasta ahora, en casi todos los premios, las buenas anécdotas, los momentos difíciles, los fracasos y los éxitos, está presente mi hermano Simón. Siempre echándome a mano, siempre aconsejándome, muchas veces salvándome de mis propias estupideces y errores, siempre ahí. Hemos hecho juntos grandes anuncios, peloteado grandes ideas, hemos hecho cine, dado conferencias, contado chistes, escrito juntos, me lanzó como actor y me enseña cada vez que lo veo. Cuando tengo una duda, cuando necesito un consejo, le llamo a Simón, a donde quiera que esté. Hemos hecho muchas cosas juntos, pero sobre todo, nos hemos hecho grandes amigos. Simón es una de las muchas cosas que tengo que agradecerle a esta profesión. Pienso que el éxito o fracaso de tu carrera como creativo tiene mucho que ver con tu talento, pero también con el talento y apoyo de la gente que te rodea, que te ayuda y te hace crecer. Esa gente te cambia la vida. Tus jefes, socios, clientes, equipos, proveedores, todos. Tengo mucha gente a quién agradecer muchas cosas, pero especialmente a 4 personas sin cuya influencia no estaría donde estoy: Lalo López, que me invitó a trabajar en publicidad, Lourdes Lamasney, que creyó en mí y me dio mi primera oportunidad, Enrique Gibert, que me convirtió en un mejor líder y me enseñó lo poco que sé de ser un creativo “empresario” y Simón, que ha estado ahí, siempre, en todas y cada una de las etapas de mi carrera. No olvidaré que cuando dejé DDB para fundar ( anónimo ), cosa que sonaba como una gran estupidez, fuiste tú, Simón, quien me apoyó, me prestó una oficina y me alentó a perseguir este sueño. Uno jamás debe olvidar a la gente que le tiende una mano. Muchas gracias a todos los que lo han hecho conmigo, en especial a ti, Simón, hermano del alma.



Oro, 7 puntos. Plata, 5. Bronce, 3. Shortlist, 1. Así se mide nuestro éxito en la publicidad hoy día. Una obligación. Para muchos, una obsesión. “¿Cuántos puntos llevamos?”, “¿En qué lugar estamos?”, “¿cuál es la red del año?”…”Venga, Publicis!”, “Vamos, WPP!!”, “Otra vez Omnicom, carajo!”. No importa si la idea salió o no. Lo que importa es sumar, aportar al ranking, destacar. Llenar de trofeos la agencia. Decir que somos los mejores, que la tenemos más grande, ser “reconocidos”. “No, ese festival no es importante, no suma para el Gunn Report" (un genio el Sr. Gunn) No importa si tu trabajo ha dado de qué hablar entre la gente, lo que termina importando es lo que un juez japonés que entiende poco inglés y nada de castellano opine sobre tu pieza, previo pago de unos cuantos cientos de euros, por supuesto. O lo que un director de arte holandés que nunca ha visitado tu país y que probablemente ni siquiera sepa donde está, piense sobre el nivel de terminado de la ilustración, o sobre el retoque de la foto. "Sería un oro, pero el retoque no es perfecto, yo la voto para plata". "Una idea similar se hizo en mi país hace unos 12 o 13 años, no recuerdo bien, pero tengo la sensación de haberla visto antes". Y ahí estamos todos, preguntando a la prensa, a nuestros amigos, a "nuestro jurado", si "saben algo", si tenemos un oro, una plata, o un bronce. Opinamos, aplaudimos, nos felicitamos, criticamos, sufrimos…pagamos. Sí, pagamos para que otros opinen sobre nuestro trabajo. Lo chistoso, es que casi nunca conocemos esa opinión ni podemos aprender de ella, a menos, claro, de que "conozcamos a alguien en el jurado", de que "tengamos conectes". "Ojo que nos dijo el jurado argentino que Serpa dijo que tu pieza estaba buena"…"uff, wow! eso ya es un premio en sí mismo", aunque no sepamos nada más.  Lo único que sabemos es "si pasó o no al shortlist", si tenemos un oro, una plata, o un bronce. "La pieza es un bronce, pero me dicen que esta noche se reúne fulanito con el jurado español y el hindú (¿¿¿el hindú???) para tratar de hacer bloque y subirla a plata". "Yo le rescaté al alemán una pieza que no había pasado al shortlist, así que me debe un favor, tú tranquilo…". Es increíble el tema de los premios y hasta donde lo hemos llevado. Hasta donde lo hemos dejado llegar. A un punto en el que a muchos se les va la vida en ello. Los premios son fantásticos y por supuesto que está buenísimo ganarlos, pero siento que los estamos desvirtuando cada vez más. Recuerdo la primera vez que me gané un "oro" en un festival. Fue en el Círculo Creativo de México. No lo podía creer. Llamé a mi mamá, que se puso feliz de la emoción, aunque no entendía muy bien por qué alguien le daría un premio a “un comercial”. Recuerdo mi primer León, en 1997, el primero para México. Fue un bronce. Y la industria entera se conmocionó. Los medios nos hicieron una fiesta, entrevistas en la tele, en fin. No importaba si el bronce había sumado 3 puntos. No importaba el ranking, importaba el reconocimiento al trabajo. Hoy, un bronce es muy poca cosa. Hay equipos que vuelven a casa decepcionados, derrotados porque ganaron “sólo 2 bronces”. El ranking, en mi opinión, acabó con la ilusión. La obligación por ganar premios para ser reconocidos, le está quitando el chiste a ganarlos. Hoy Cannes debe ser un negocio mucho más rentable que muchísimas de las agencias que gastan fortunas inscribiendo sus piezas. Una de las ideas más rentables que ha dado la publicidad y no es de los publicistas.

No. No lo hagas. No te vayas. No dejes esta posición. No te arriesgues. No renuncies. No cambies. No te irá tan bien como ahora. No tendrás soporte, ni apoyo. No vas a poder trabajar para grandes marcas, porque las grandes marcas están todas alineadas con las grandes agencias. No, no, no. Es increíble la cantidad de “NOs” que uno recibe cuando se le ocurre una idea. La que sea. Y es que en la publicidad, como en la vida, es muy sencillo opinar en contra de una idea. Cualquiera puede destruir, pero no cualquiera puede construir. Cualquiera puede decirte por qué no debes hacer tal o cual cosa, pero se requiere ser más inteligente para ayudarte a encontrar por qué sí. El “NO” es una palabra cuyo significado hay que saber entender muy bien, para que te sirva de reflexión pero que no te asuste ni te paralice. Hay que saber cómo recibir un “NO” y qué hacer con él, como también es importante saber cuando y a qué decir que NO. Eso te lo van enseñando los años. Dí que no a todo aquello con lo que no estés de acuerdo, pero trata también de no decir que no a todas las ideas que alguien más te plantea. Construye sobre lo que otros dicen, ayúdalos a mejorar y eso te hará mejor a ti. Intentar encontrarle a cualquier cosa el sí, dar con la manera en que se puede llevar a cabo, es un gran ejercicio mental. Búscalo antes de decir que no. Y sobre todo, no permitas, nunca, que nadie te diga que no puedes hacer aquello que tú sabes que puedes hacer.



Fracaso. Cuando a uno le va relativamente bien, llega un  momento en el que es fácil pensar que jamás habrá un fracaso. Nada más falso. No conozco a nadie que sea muy exitoso y que no haya fracasado nunca. El fracaso es una parte fundamental del éxito. Casi un requisito para alcanzarlo. Está bien cagarla. Y cuando uno la caga, está bien cagarla en grande. Yo le tenía mucho miedo al fracaso, hasta que entendí que no pasa nada si fracasas, mientras aprendas, corrijas y sigas adelante. Mientras salgas más fuerte de la experiencia y entiendas lo que hiciste mal. Todo mundo fracasa, aunque no todo mundo lo acepta. Mientras más crezco más entiendo el fracaso como algo normal, como parte de un proceso de crecimiento y como señal de que estoy intentando hacer cosas nuevas, diferentes, de que me estoy atreviendo a algo y de que estoy tratando de evolucionar. Mide tus fracasos como lo que son, acéptalos y déjalos atrás. Si eres bueno, al final siempre te irá bien. Nada de lo que hagas va a hacer que el mundo se acabe, así que no pasa nada. Dale siempre para adelante y fracasa para tener éxito.

Independencia. Una palabra tan seductora como sobrevalorada. Tan deseada como difícil. Ser independiente suena increíble, pero también es mucho más complicado de lo que parece, al menos en mi experiencia. Dicen que hay quienes nacen con el espíritu para ser independientes y quienes no. En mi caso, nunca lo vi así. Nunca me planteé a mí mismo que “algún día tendría mi propio negocio” o que “sería mi propio jefe”, tal vez porque siempre me vi como “mi propio jefe”. Fui muy feliz trabajando en grandes agencias. Aprendí mucho y me dieron mucho. No culpo a los que se quedan toda la vida en una corporación ni los tacho de cobardes o inseguros, como tampoco me considero especialmente valiente por haber dejado la comodidad de una red para emprender mi negocio. Pienso que la vida te va llevando por distintos caminos y te hace ir tomando decisiones que en su momento son mejores para ti. Yo dejé el mundo corporativo en el momento en que mejor me iba. No lo hice por desesperación, frustración o por miedo a que me fueran a correr. Lo hice porque pensé que era el momento, porque pensé que tenía que probar, plantearme un nuevo reto y ver qué sucedía. De hecho, lo hice un poco por miedo a arrepentirme de no haberlo hecho cuando llegara el fin de mi carrera. Y lo volvería a hacer igual, con todo lo que eso implica. Dicen por ahí que “si quieres comer mal y dormir bien hay que ser empleado, y que si prefieres comer bien y dormir mal, hay que ser dueño”. Ser independiente me ha costado mucho, en muchos sentidos, pero me ha dado mucho más. Me ha obligado a seguir aprendiendo, a saber lo que es empezar de vuelta, tener miedo, pararme a la orilla de un abismo y saltar. Llevo 4 años y fracción tratando de construir una agencia independiente, sólida, exitosa, un lugar en el que pueda ser feliz. Es mucho lo que me falta por hacer. Hoy, 4 años después, estoy lejos, muy lejos de donde quiero estar, en todos sentidos. Pero tener claro a dónde quiero llegar y saber que depende de mí es lo que me motiva a levantarme a trabajar todos los días.



Ríete mucho. De lo que ves, de lo que vives, de la vida, de ti mismo. Es una fórmula infalible para crecer como creativo. No tengas miedo al ridículo, no tengas miedo a la crítica. Acéptala, entiéndela y ríete. Ríete siempre, mucho, de ti. Haz que otros rían también. Eso da seguridad y la seguridad trae grandes beneficios, le ayuda mucho a la personalidad. ¿Por qué eres creativo?, me preguntaron en una entrevista. “Porque muy joven me di cuenta de que se me estaba cayendo el pelo y de que no iba a crecer mucho más allá del 1.63, pero me gustaban las mismas mujeres que a mis amigos, altos, con largas cabelleras y guapos, así que algo tenía que hacer” contesté. En esencia, entendí donde estoy parado, cuál era mi realidad y cuál debería ser mi “ventaja competitiva”: reír. Hacerlas reír. La risa desarma, abre, ayuda, te vuelve atractivo como ser humano. Ser creativo paga, en todos sentidos. No estoy hablando de la publicidad, estoy hablando de la vida. Nunca dejes de reír.


El quinto partido. Maldita sea. Estamos a 4 meses del mundial. Yo amo el fútbol. Y amo más a mi país. Por eso me indigna, me pone de muy mal humor, que mundial tras mundial nos pongamos como meta “el quinto partido”. Una meta mediocre y sin sentido que ejemplifica en buena medida por qué México no alcanza su máximo potencial, no solamente en el fútbol, sino en todo lo demás. No entiendo por qué los mexicanos nos ponemos metas tan bajas. Por qué nos da miedo comprometernos a más, aspirar a más, pensar que podemos hacer más. Para los que no están interesados en el fútbol, les explico: el quinto partido significa llegar a cuartos de final en un mundial y volver a casa. Es decir, significa no ganar nada. Pero eso es a lo que aspiramos. ¿Por qué? porque es una meta relativamente fácil, alcanzable. Porque tiene que ver con hacer poco. “Es ser realistas”, dirán muchos. A mí me parece deprimente y mediocre. Si no eres mexicano y estás leyendo esto, tal vez lo entiendas mejor. No, no somos una potencia futbolística, pero lo seremos menos si seguimos poniéndonos ese tipo de “objetivos”. Si vamos a ir a un mundial, pienso que deberíamos ir creyendo que lo vamos a ganar, al menos que lo podemos ganar y prepararnos mentalmente para ello, aunque después no pasemos ni de la primera ronda. No importa. El tema pasa por la mentalidad. Por creer en uno mismo. Y eso le hace mucha falta a México: creer más en sí mismo. Como creen en sí mismos otros países. Por eso los alemanes nos sacaron de un mundial dos veces, una de ellas en nuestra casa, en penales. Por eso nos sacó Argentina en el 2006, en un partido que jugamos mucho mejor, que merecíamos ganar. De nuevo, porque lo merecíamos, pero no lo creímos. Yo estaba en el estadio y viví una energía muy especial en ese partido. Se sentía que México lo iba a ganar. Se veía, se podía tocar. Pero por alguna extraña razón, los once chavos que estaban en la cancha dejaron de creer. Tal vez porque pensaron que llegar al quinto partido estaba muy cabrón. Y Maxi Rodríguez sí lo creyó. Y le pegó al balón creyéndolo y nos ganaron en tiempo extra. El quinto partido es una maldición para México. Nos hace mucho mal. Tenemos que dejar de pensar en el quinto partido del mundial, de la publicidad, de la economía, de cualquier cosa que hagamos. Tenemos que creer que ganaremos un mundial. Que podemos ser los mejores, porque podemos serlo. No hay nada malo en creer.

Raúl Cardós.

January 8, 2014 at 12:22pm
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Hermoso.

January 1, 2014 at 5:11pm
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Gracias por todo, 2013.

Tengo que empezar por decirte que no me trataste muy bien que digamos, eso sí. Pareciera que no escuchaste todos los buenos deseos, toda la buena vibra que me mandó la gente hace un año. Y las uvas del año pasado, ¿estaban rancias?, no entiendo. Me trajiste la nada grata noticia de que a mi mejor amigo le dio cáncer, probablemente la peor noticia que he recibido en mi vida. Pensé, todos los que lo queremos pensamos, que no lo tendríamos con nosotros mucho tiempo más. Y después, le volvió el cáncer a mi papá. Un cáncer que ya había enfrentado y vencido hace más de 20 años. Sí, a mi papá. El hombre al que más admiro y quiero. Mi guía, mi apoyo, mi ejemplo, el mejor ser humano que he conocido y que conoceré jamás. No estuvo bien que me hicieras eso, no. Y Don José, mi querido Don José, ese gran hombre que me ayuda hace más de 10 años. Que llegaba todos los días a mi casa a las 7 de la mañana para trabajar, llevar, traer, ayudar, solucionar. Otro gran hombre que también es como de mi familia: cáncer, también. Y claro, el cáncer no era suficiente, tenías que llevarte a mi abuela, también. Ok, tenía 95 años pero después de todo lo que paso, de tanto “cáncer” en la familia, ¿no podías haber esperado un poco más?, ¿De qué carajo se trata?, insisto: ¿y todos esos buenos deseos de diciembre del 2012?, ¿toda esa buena vibra?, ¿no la escuchaste, acaso?
¿Y el trabajo?, ¿acaso no ibas a ser el “mejor año” de los 4 de la agencia?, ¿no habíamos quedado en eso?, ¿no entendiste que estaba preocupado por Lalo, por mi papá, que no tenía tiempo para enfocarme del todo en el trabajo…?, ¿no tenía que “irnos muy bien”?
Sí, entiendo, yo la cagué mucho, muchísimo. Tomé malas decisiones, pero no era para tanto, ¿no crees?, la agencia se me pasmó durante casi 5 meses, sin rumbo, con gente desmotivada, gente que no quería estar ahí…apenas ahora hace unas semanas, que siento que retomamos el rumbo, que estamos de vuelta en el camino y…¿qué hiciste entonces?, que perdamos a un cliente importante, grande. Un cliente que no se quería ir, con el que teníamos una gran relación, un cliente que confiaba en nosotros. ¿Y permites que una agencia “global” se gane el negocio a nivel mundial y que el cliente se tenga que ir con ellos?, ¿qué teníamos nosotros que ver en eso?, ¿no debería ser al revés?, ¿no es eso lo que siempre digo, lo que siempre pienso?. Perdí a un cliente, se fue gente valiosa, “dejaste” que se metiera veneno y mala vibra en un proyecto que he tratado de construir con mucho cariño y que me ha costado muchísimo esfuerzo. ¿Qué paso entonces, 2013?
Otro de mis propósitos era “ponerme en el mejor estado físico” de mi vida. Volver a estar como cuando tenía 18, vaya. Y lo ataqué con todo. No fallaba al gimnasio, te consta. Hasta que me trajiste esa hernia, que me tuve que operar y que me alejó del gimnasio durante 4 meses. 4 de 12. Estarás de acuerdo en que así es difícil, muy difícil lograrlo. Para eso, te pido una prórroga. Porque ya estoy de vuelta.
Como podrás ver, 2013, estoy feliz de que termines. Llegué a diciembre más cansado que nunca. Tuve 4 juntas el 23. El 23!!!, ¿de qué se trata?, nunca, desde hace años, había tenido que seguir trabajando el 23 de diciembre. ¿Qué querías?, ¿volverme loco?
Por todo eso y más, te odié. Te pensé como el peor año de mi vida. Y mira que me han tocado otros, jodidos también.
Hasta hoy. Concretamente, hasta esta mañana, cuando me di cuenta de que hoy es 31 y de que hoy te vas. Me puse entonces a pensar en ti y me di cuenta de lo mucho que tengo que agradecerte, maldito.
Porque con todo eso por lo que te odio, vinieron también quizás los mejores y más valiosos aprendizajes de mi vida.
Empezando por lo menos importante, 2013, que tiene que ver con el trabajo, gracias a lo que me paso este año aprendí que no toda la gente es lo que parece ser. Aprendí a no dejarme llevar tan fácil por lo que una persona “exitosa” dice, promete, asegura o aparenta ser. Aprendí que el éxito profesional de una persona no necesariamente está ligado a su calidad humana, a su inteligencia o su estabilidad emocional y que lo segundo debe ser siempre mucho más importante que lo primero al pensar en invitar a alguien a trabajar contigo. Aprendí que a veces se toman muy malas decisiones y que es importante pensar dos veces las cosas antes de abrirle la puerta de tu casa a alguien solo porque sabe venderse bien. Aprendí que en lo sucesivo debo elegir mejor a la gente. Aprendí que tengo que hacerme más caso y que cuando el estómago me dice “esto no va a funcionar”, es porque no va a funcionar. Por ese aprendizaje,  gracias, 2013.
Aprendí también que, aun perdiendo clientes como el que perdimos o aun con un equipo disminuido y dividido, ese sueño que empecé en el 2009 es ya una realidad que va por muy buen camino. Una sólida realidad, que mejora todos los días. Un proyecto en forma capaz de soportar las malas rachas, que vaya que las hubo este año. Un proyecto que soporta las estupideces y las malas decisiones de su líder. Y aprendí que, al final, la gente que vale la pena siempre está ahí y que a esa gente hay que valorarla más, mucho más. Aprendí que siempre existe la posibilidad de cagarla en grande y de tomar malas decisiones, pero que con eso viene también siempre la oportunidad de volver a empezar, de levantarse y seguir adelante y que si trabajas con honestidad, con muchas ganas y con talento, al final del día las cosas siempre irán bien.
Te agradezco, pues, por enseñarme que sí puedo ser un “empresario” y que tengo la capacidad de levantarme cuando caigo. Capacidad que pocas veces había tenido que poner a prueba y que no conocía del todo en mí. Te agradezco por dejarme cagarla y corregir a tiempo. Por hacerme ver que cometer errores es parte indispensable del crecimiento profesional y del desarrollo de una empresa exitosa.
Gracias por todo eso. Pero gracias, sobre todo, por el plano personal, que fue en el que más aprendí.
Gracias por dejarme re descubrir el valor de la verdadera amistad. Por encontrarme de nuevo con un amigo que me enseñó que no existe nada, absolutamente nada, que no se pueda lograr si te lo propones realmente. Gracias, por dejarme vivir de cerca un proceso como el que vivió mi amigo Lalo, proceso que tocó la vida de todos los que somos lo suficientemente afortunados como para considerarnos sus amigos. Que nos enseñó el poder de la mente, lo que la determinación puede alcanzar. Gracias por traernos esa prueba que nos unió, nos hizo reencontrarnos con gente, acercarnos como familia y comprobar que lo que realmente vale la pena acumular en la vida es el cariño y apoyo de la gente que te rodea, de tus verdaderos amigos. Gracias por enseñarme que el éxito no se mide en premios, ni en dinero, ni en grandes negocios, sino en anécdotas, reuniones, pláticas, consejos y buenos momentos con los que quieres.
Gracias, también, por confirmarme que no hay absolutamente nada en esta vida que le quite el buen humor, la actitud, el optimismo y la gran actitud a mi padre, un guerrero que a su manera está controlando y venciendo otra vez al cáncer y que sigue demostrándonos que la vida hay que vivirla al máximo todos los días, haciendo más de lo que te gusta y menos de lo que “tienes que hacer”. Gracias por demostrarme que tengo la mejor familia que se puede tener y por hacerme ver que, sin importar lo que necesite, cuando lo necesite, siempre estarán ahí y que todos juntos podemos contra lo que sea.
Gracias, porque al final “no estuviste tan mal”. Gracias por todas esas conferencias, por toda esa gente que se toma el tiempo de ir a escucharme, que me dice que me admira, que le interesa lo que digo, lo que pienso y que me aplaude por ello. Para serte franco, jamás pensé que eso me pasaría en la vida, ni siento que lo merezca. Gracias por los nuevos amigos, por los de siempre, gracias por los viajes, por las buenas pláticas, por los buenos momentos, los proyectos interesantes, por los clientes que creen en mí y en la agencia, por la gente que trabaja conmigo y que hace que ( anónimo ) sea una realidad. Por su talento, sus ganas, su compromiso. Gracias por los que ya no están, por los que vamos a extrañar y por los que se fueron porque nunca tuvieron por qué estar. Gracias por la gente nueva que conocí. Los nuevos clientes, los nuevos colegas, los nuevos proyectos. Gracias por no haberme hecho más daño a pesar de las estupideces que hice. Gracias por un diciembre tan lleno de trabajo, por todas esas semillas que sembramos y de cuyo éxito “te va a quitar el mérito” el 2014 si las cosas se dan bien. Gracias por todo, 2013. Sobre todo, gracias por terminar, por dejarme llegar al final rodeado de gente que quiero y lleno de proyectos.
Gracias porque sin duda me hiciste sentir que “toqué fondo” en muchos sentidos y que senté las bases para un 2014 increíble, porque estoy seguro de que lo será.
Hay años que te marcan por cosas buenas, otros que te marcan por cosas que pasan y te afectan en la vida, te hacen replantear el rumbo y evolucionar para mejorar. Tú fuiste de los segundos. No, no fuiste un año “lleno de felicidad”, pero sí de aprendizajes, de cambios, de preparación, de lecciones increíbles. Hiciste bien tu trabajo, 2013. Me convertiste en un mejor hombre, en un mejor profesional, en un mejor ser humano. Y me confirmaste que soy capaz de mucho más de lo que yo mismo creí y que mi felicidad, mis metas y mis objetivos, dependen solo de mí.
Gracias entonces por todo, 2013. Te prometo que al 2014 le sacaré todo el jugo posible, lo viviré al máximo y no te decepcionaré.

December 7, 2013 at 2:29am
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¿Y si vamos a Brasil a ganarle a todos?

México va a pasar a la segunda ronda, seguro.

Lo escribo hoy, 6 de diciembre del 2013, justo después del sorteo del mundial y a poco más de 6 meses de ver si es cierto o si muchos de ustedes se pueden burlar de mí. Justo después de saber que jugaremos la primera fase contra Camerún, Brasil y Croacia, en ese orden. Pienso que podemos pasar con 4, 5 ó hasta 6 puntos, que sería una gran cosecha en la primera fase. Y pienso, sé que dirán que estoy loco, que podemos dar la campanada y ganarle a España u Holanda en octavos. Aunque, bueno, ésa sí que sería una bomba, una sorpresa, un resultado “mata quinielas” y sí, es muy complicado que suceda. Si se da, después, ya no sé, no me atrevería a decir más. Mi pronóstico es muy optimista, lo sé, pero también realista y alcanzable. Al menos, para mí.
Me atreví a escribirlo esta mañana en Twitter y, mientras muchos se sumaron a mi optimismo al parecer “desbordado”, (se los agradezco, por cierto) otros, los más, se rieron de mí. Me dijeron “que estoy loco”, que no pasamos ni de milagro.
"¿No viste que nos tocó Brasil?"
"¿Que no viviste la eliminatoria?"
"Positivo y pendejo se escriben con la misma P"
Escribí entonces que, para mí, esa clase de mexicanos que ya nos dan por perdidos son los que no permiten que nuestro país avance y vino en automático otra crítica: "Entonces si avanza el fútbol, avanza el país, aaah…", me contestaron de forma irónica. No, no es eso a lo que me refería. Me refería, me refiero, y es por eso que decidí escribir esto, a nuestra mentalidad. A esa eterna mentalidad mediocre del mexicano, que tanto daño le hace a nuestro país, a todo lo que hacemos.
Que tuvimos el peor proceso de clasificación posible, sí. Que nos echaron una manota los gringos, también. Que llegamos de milagro, sí. Pero estamos ahí. Y hay 6 meses para prepararse. Para armar, con una excelente generación de jugadores, un equipo con mentalidad, con huevos, que no se achique, que peleé, que no se sienta más, pero tampoco menos que nadie. Un mundial como el de Brasil, que pareciera el menos a modo para lograr nuestro al menos a mi juicio también bastante mediocre sueño del quinto partido, podría terminar siendo el mundial en el que México cambie. Y no me refiero al fútbol, no, me refiero, ahora sí, al país. A nuestra manera de ver las cosas. A nuestra mentalidad.
Llámenme estúpido e ingenuo pero pienso que lo que pasa en un deporte tan popular como el fútbol en un país como México sí es de alguna manera un termómetro y un indicativo de lo que sucede en la sociedad.  Nuestro país tiene todo, absolutamente todo, para ser un país exitoso, un país de triunfadores. El problema, sin duda, somos nosotros, los mexicanos: agachones, conformistas, negativos, mediocres, que nos ponemos techos muy bajos. Que preferimos objetivos “cortos” como
"el quinto partido" porque tememos comprometernos a algo más y quedar mal. Porque es más fácil justificar la mediocridad que el fracaso, cuando uno se pone metas grandes. Es más fácil “pasar desapercibido” que comprometerse a algo grande y quedar “exhibido” por fallar. Eso pasa en el fútbol, pero pasa también en la vida.
Y es que, ¿cómo podemos aspirar a ganar un mundial de fútbol, cuando nuestro objetivo es “jugar un quinto partido”?, ¿para eso nos preparamos?, ¿es esa nuestra mentalidad triunfadora?, ¿5 partidos?, en nuestra vida, en los objetivos personales y profesionales que tenemos, ¿queremos jugar 5 partidos, o queremos ser campeones?
Los invito a que hagan este ejercicio: en la próxima reunión a la que vayan, en la próxima plática de fútbol que tengan, atrévanse a decir que México debe prepararse para ir a ganar el mundial. Que debemos ganarle a Camerún, a Croacia e, idealmente, a empatar al menos con Brasil. Atrévanse a decir también que, si jugamos concentrados y de tú a tú, podemos ganarle entonces a España y a Holanda. Hagan ese ejercicio y vean cuanta gente se ríe de ustedes, cuanta gente se burla y los critica.
Que triste. ¿Por qué?, ¿es imposible?…sin duda lo es, si no empezamos por convencernos de que se puede. Es ahí donde está el problema: en que los mexicanos gritamos mediocremente "sí se puede!!" en los partidos, aunque en realidad pensamos que no, que no se puede. En realidad pensamos que estamos para perder contra Brasil, perder contra Croacia y si acaso empatar con Camerún, porque somos mediocres. En el fútbol…y en la vida. Así somos los mexicanos.
Sí, lo sé, muchos de los que siguen leyendo seguro están pensando "al optimismo y la estupidez los divide una línea muy delgada". Y sí, tienen razón. Y sí, también cabe la posibilidad de que nos rompan el culo y volvamos a casa después de tres partidos, pero es mucho, muchísimo más probable que eso suceda si de entrada los 23 chicos que nos representarán se van pensando que "igual y se cagan y hacen un milagro" y no que son tan buenos como el mejor y que pueden hacer historia.
Es ése el fondo de lo que intento decir. No, no soy un “estúpido optimista”, soy un tipo bastante realista, pero harto de vivir en un país en el que a todos nos podría ir mejor, si nos lo proponemos. Si empezamos a creer y actuamos en consecuencia. Si dejamos de gritar que “sí se puede” y nos convencemos de que podemos, en todos los ámbitos de la vida. Porque se puede. Todo se puede. El tema es empezar por ponernos objetivos altos y pelear por cumplirlos. Soñar grandes cosas y luchar por hacerlas realidad. Aprender de nuestros errores, permitirnos cagarla, levantarnos de nuestros fracasos y seguir adelante.  No tener miedo a comprometernos con algo. No temerle a ponernos metas ambiciosas. A sobresalir, a cambiar las cosas, a ser los mejores. En el fútbol y en la vida.
México va a pasar a la segunda ronda del mundial. Y puede ganarle a España o a Holanda. Y puede llegar lejos. Ese es el México que yo quiero. Y prefiero decirlo y después quedar como un imbécil ingenuo, que ir a un mundial, o a cualquier otra cosa que haga en la vida, sintiéndome derrotado de entrada. 
No está mal aspirar a ser el mejor en algo, aunque muchas veces no lo consigas. No está mal pensar que puedes alcanzar lo que sea y trabajar por hacerlo, aunque fracases mil veces. No está mal soñar. De eso se trata la vida: de tener sueños, perseguirlos y hacerlos realidad. Yo sueño con un mejor país para mí y para la gente que quiero. Sueño con ganarle a Brasil en Brasil. Sueño con que mi país sea Campeón del Mundo, con que mi agencia sea la mejor del mundo, con que la gente que me rodea sea la más feliz del mundo y con que mi vida sea exactamente como quiero que sea. No me conformaré jamás con jugar “el quinto partido”.
Yo vine a esta vida a intentar ser Campeón del Mundo y lo voy a intentar hasta que me muera.
¿Y tú?