Cardós

November 20, 2010 at 12:59am
Home

Hoy me encontré a Nico llorando.

“¿Qué te pasa enano?”, le pregunté.

“Es que yo no quiero crecer nunca”, me contestó desconsolado, “quiero ser niño siempre y quedarme con ustedes”.

Vino entonces la explicación, o explicaciones más lógicas que se me ocurrieron y que, pensé, podía entender un niño de su edad.

“No te preocupes, tú siempre vas a tener un lugar aquí, en tu casa. Pasa que cuando crezcas vas a querer formar tu propia familia, casarte, tener a tus propios hijos y tu propia casa…”

“Pero yo ya tengo una familia, no quiero ser adulto, voy a tener que ir a la universidad, después conseguir un trabajo, trabajar mucho y ya no los voy a ver tanto, quiero pasar más tiempo con ustedes, estar más tiempo con ustedes!!”

Y mi parte favorita de su angustia:

“Alguien se va a querer casar conmigo y entonces ya no los voy a ver!!”

Inútil tratar de discutir con él, inútil tratar de hacerlo entender. Optamos por abrazarlo, decirle que podía estar aquí siempre, toda su vida y que estaremos siempre juntos, que no tiene que irse jamás si no quiere. Eso fue lo único que lo tranquilizó.

“Siempre juntos Nico”, le dije mientras tomaba su mano.

“Siempre juntos pa”, me contestó.

Entonces sonrió, nos abrazó y se quedó dormido, feliz.

No importa que en unos años su opinión cambie, como seguramente cambiará. No importa que cuando cumpla 16 ó 17, en el mejor de los casos, piense, como seguramente pensará, que yo ya estoy viejo, que le doy hueva, que no entiendo nada. No importa que para ese entonces no quiera estar conmigo tanto como ahora, ni que prefiera irse con la novia y los amigos. La vida es así. Es más, yo espero que sea así, espero que él sea muy feliz y que, aunque sea de vez en cuando, se acuerde de lo que nos dijo hoy y, sobre todo, se acuerde, sí, de que siempre va a tener su lugar aquí, en su casa, con nosotros.

Son maravillosos los niños. Y tienen razón cuando se angustian, cuando piensan que es mejor no crecer, no convertirse nunca en adultos aburridos, que trabajan todo el día, que pelean, que dejan de sonreír.

Hoy me encontré a Nico llorando. Y mientras lloraba, me hizo tremendamente feliz, pero sobre todo, me enseñó una gran lección. Por eso la quise compartir contigo, quien quiera que seas, que estás aquí, leyendo esto.

Ojalá todos aprendamos a ser más niños y menos adultos. Seríamos más felices así. Ojalá.

Y ojalá que algún día, en unos años, Nico se encuentre a su hijo llorando y que él le diga lo mismo y lo haga sentir como él me ha hecho sentir hoy a mí.

Notes

  1. raulcardos posted this