Cardós

June 20, 2011 at 7:41pm
Home

Mi niña.


Un día como hoy, hace 16 años, me convertí en “papá”.

Lo recuerdo todavía como si fuera ayer. Mi mujer se despertó de madrugada diciéndome que “algo le había caído mal” y que seguro tenía una infección intestinal. Primerizos al fin, decidimos ir al hospital a ver qué nos decía el doctor. Llamamos a mi suegra que, como buena mamá,  practicamente se “teletransportó” de su casa a la nuestra y en segundos estaba ahí, lista para acompañarnos.

Lo habíamos preparado todo durante 9 meses: desde la cenefa que Diana pintó y colocó personalmente en el cuarto, hasta la cuna, el edredón, el moises, las mamilas, los pañales, la ropita, las camisetitas, lo que “ella o él” usarían al nacer, en fin. Habíamos pagado también, con muchísimo trabajo, una “suite” en el hospital para recibir a toda la gente que seguramente querría ir a conocer “al bebé”. Así que, puntuales nosotros (porque “el bebé” se había tardado 18 días más en decidirse a nacer) salimos corriendo al hospital, no sin el previo drama de la “mommy to be” al ver a una mariposa negra en la sala de la casa.

“No puede ser!!!” - me gritaba despavorida - “son de mala suerte, ¿¿¿por qué???, ¿¿¿por qué justo hoy??? - mientras yo trataba de ahuyentarla con un cojín.

Y resulta que no, las mariposas negras no son de mala suerte, sino todo lo contrario, al menos para nosotros, porque ese día, el 20 de junio de 1995, todo nos salió perfecto.

Llegamos al hospital y mi mujer y mi suegra salieron corriendo del auto para descubrir que la “infección intestinal” era más bien una dilatación de 8 centímetros y que “el bebé” estaba por nacer.

Yo no lo podía creer. Hasta ese entonces había cargado y cuidado varias veces a mis sobrinos, a quienes quería y quiero como si fueran mis hijos, pero nada, absolutamente nada me podía preparar para lo que estaba por vivir. He de confesar que durante muchos lapsos del embarazo yo idealizaba la posibilidad de tener un “varón”. Pensaba en que jugaría al fútbol con “él” y que le heredaría mi gusto por los autos antiguos y demás estupideces de ese tipo, como solemos pensar los hombres cuando nos vamos a convertir en papás. Hoy le agradezco a Dios y a la vida haberme equivocado con ese “primer bebé”.

Desde que llegó, Xime lo hizo como ha hecho todo en su vida hasta el día de hoy: fácil. De muy buena manera y sin darle problemas a nadie, ni a su mamá, que practicamente “la escupió”  sin tener que hacer demasiado trabajo de parto. Un parto sencillo, fantástico, con la única rareza de que ella venía “de cara”, lo que hizo que naciera con su carita hinchada y bastante golpeada…como de boxeador después de pelear 12 rounds. Recuerdo que cuando vi su primera fotito le dije a su mamá “voy a tener que trabajar muchísimo para que la quieran por su dinero, porque por su belleza, va estar cañón…”. Otra vez, me equivoqué.

La cargué por primera vez apenas nació y sentí algo que no se parece a nada que haya sentido ni sentiré en mi vida. Me sentí lleno, completo. Entendí para qué había nacido ella, pero también para qué había nacido yo: para conocerla y para tener el enorme orgullo y privilegio de ser su papá. Sentí que mi vida como la conocía, como la había planeado, cobraba un significado mucho mayor. Ahí estaba ella, con su carita hinchada y un ojito cerrado por el parto, viéndome por primera vez, como me vería después durante mucho tiempo, cuando cada vez que yo entraba a cualquier lugar en el que ella estuviera me escuchaba y volteaba su carita buscándome para que la cargara. Si había pensado que “estaría chido que mi primer hijo fuera hombre” verla me hizo olvidarlo en exactamente medio segundo. Supe, desde ese momento, que había tenido una niña muy especial. Una niña que, hasta el día de hoy, irradia a su paso una luz que no le he conocido a ninguna otra persona. Ximena me hizo y me hace todos los días darme cuenta de que vale la pena vivir y que nada, absolutamente nada, se compara con la alegría de ser padre.

Respeto a la gente que prefiere no tener hijos. Respeto a los que dicen que “la cosa está muy mal” y que no tiene sentido seguir trayendo niños al mundo. Los respeto pero no puedo entenderlos, no después de conocer a Xime.

El tiempo se pasa volando. Apenas el sábado estuvimos en su graduación de secundaria. Vestido, tacones, “after”, del que regresó a las 8 de la mañana, en fin. Yo todavía recuerdo cuando se empeñó en disfrazarse de “Lady Marion” cuando cumplió tres años. Recuerdo a su mamá, vuelta loca, haciéndole el disfraz para que quedara idéntico. El “pony” que rentamos para que la paseara, junto a sus amiguitos, alrededor del parque. Recuerdo la primera vez que fuimos juntos a Disney, su carita, su ilusión. La primera vez que vio el mar y como se quedaba sentadita en una toalla, impecable, jugando con sus muñecas sin tocar la arena para no ensuciarse. Recuerdo que olvidó a su “bebé” en el hotel, un muñeco Cabbage Patch que le había traído Santa y por el que lloró desconsolada durante días. Recuerdo una vez en la que ganamos el premio de “la agencia del año” y la invité a subir conmigo al escenario en Acapulco para recibirlo, lo importante que se sentía y lo orgullosa que estaba. Recuerdo cada uno de los días que hemos vivido juntos desde aquél 20 de junio, hace 16 años.

Hoy celebra su cumpleaños en una comida con sus amigos. Ya no hay pastel, ni mago, ni payasos, ni la tengo que cargar para que rompa la piñata. “No está cool” que nosotros estemos ahí con sus amigos, así que no lo haremos, aunque estoy seguro de que no se enojaría si lo hiciéramos, sería incapaz de decirnos nada, porque ella jamás dice nada malo de nadie, tiene solo cosas buenas en el corazón. Lo único que hace Xime es irradiar de luz a toda la gente que la conoce. Hoy cumple 16 y me doy cuenta de que la vida me bendijo con ella, como con los tres maravillosos gángsters que llegaron después.

Siempre he pensado que a los hijos se les educa y se les enseñan valores hasta cierta edad y que, después, uno tiene que esperar haberlo hecho bien y confiar en ellos. Con Xime sin duda lo hicimos muy bien y viéndola, me doy cuenta de que le hemos hecho un gran favor al mundo al traer a una persona como ella a este lugar, porque lo hace un mejor lugar para todos.

Feliz cumpleaños mi amor. Gracias por ser quien eres y gracias por compartir tu vida con nosotros.

Notes

  1. raulcardos posted this