Cardós

August 19, 2010 at 2:48am
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La medida del éxito.

Ayer jugué al tenis con mis dos mejores amigos. Uno tiene 12 y el otro, 8. No, no jugamos muchos sets ni fueron grandes puntos, pero hace mucho que no me divertía así. Reímos, bromeamos y, por supuesto, “me ganaron muchos juegos”. Les enseñé a tirar mejor (como si yo fuera muy bueno, ja) y ellos, por supuesto, creen que soy una especie de Agassi vuelto a nacer y no, no lo digo por el look. Después, por la noche, cené con una nena maravillosa. Una señorita que ilumina cada lugar al que llega, que es querida por todo aquel que la conoce y que emana una luz como a poca gente le he visto. Hablamos de lo mucho que la quería su abuela, que está en el cielo. De sus planes, sus amigas y por supuesto, de la familia. Me contó lo mucho que odia el cigarro y lo estúpido que le parece que amigas y amigos de su edad fumen porque “se sienten cool”. Para terminar, debatimos un poco acerca de la existencia de vida en otros planetas. Y hoy, hoy me pase buena parte del día con un niño de 6 en los hombros, colgado de mí, sin dejarme salir un segundo de la alberca. Fuí su “barco”, su “corcel”, fuimos piratas y submarinos y nadamos hasta que la piel se nos puso, a mí más que a él, de viejitos. 


No es que no lo haya hecho antes, pero hoy, por alguna extraña razón, caí en cuenta de lo feliz que me hacen estos cuatro niños y de lo importante que es hacer estas cosas con ellos. Abrimos la agencia hace un año y, como podrán imaginarse, el estrés, la necesidad de “lograr cosas”, de crecer y de que la agencia tenga “éxito” me han absorbido un poco, o mucho. No es fácil dejar una posición corporativa cómoda y apostar por un proyecto distinto y empezar de nuevo, sobre todo cuando personitas como esas dependen de ti. No es fácil preguntarte cada vez que los ves si serás capaz de darles todo lo que necesitan. Después de todo, el que decidió “independizarse” fuiste tú, no ellos. Pero es lindo ver que, mientras tú estás metido hasta las narices tratando de crear un negocio, existe una mujer maravillosa que no solamente te apoya y te soporta, sino que se encarga de seguir sacando adelante a esas cuatro maravillas que la vida te regaló.


Sí, hoy estoy de vacaciones. Mientras tanto en la agencia estamos filmando una idea en la que creo mucho, una idea que me fascina y que creo nos puede dar grandes satisfacciones. También hicimos una presentación muy importante a un cliente muy importante. Una presentación que, me parece, nos puede llevar a tener un caso increíble, de esos que nos propusimos generar desde que abrimos, para ayudar a cambiarle la cara a nuestro mercado y a nuestra industria. Sí, hoy fue un día muy, muy importante en la corta historia de (anónimo) y no estuve ahí. Y no paso nada. O más bien, paso mucho: la filmación, según me cuenta Ray, el director creativo, fue perfecta y la idea en la que tanto creemos verá la luz. La presentación, me dicen, fue un éxito también y seguramente nos ayudará a seguir consolidando a ése cliente tan importante en el futuro de la agencia. Me perdí esos dos grandes eventos y no, no me importa.


Y es que hoy me dí cuenta de dos cosas fundamentales para “tener éxito” en este negocio. La primera tiene que ver con lo importante que es formar un buen equipo, con buenas personas, en las que puedas confiar ciegamente y en las que te puedas apoyar, más allá de las diferencias que tengas con ellas, para lo que sea. Siempre he pensado que ninguna agencia es más grande que la gente que la conforma y que ninguna persona es por sí sola más importante que el equipo que la apoya, cosa que hoy pude comprobar. Afortunadamente yo cuento ya, apenas en un año, con un gran grupo de gente, desde mis socios hasta las señoras que nos traen el café todos los días. Y la segunda y más importante: hoy me dí cuenta de que no importa qué tan importante sea lo que tengas que hacer, nada, absolutamente nada  lo es más que pasar tiempo de calidad con tu familia ni que dedicarle tu atención a tus hijos, porque, nada, ni los Leones de Cannes ni ningún otro premio que te puedas ganar, ni ningún nuevo negocio que puedas conquistar, te hará nunca más feliz que esa sonrisa que ponen cuando te metes al agua con ellos, aunque sea por un minuto.


El éxito, me parece, no se mide en premios, campañas vendidas ni marcas exitosas para las que puedas trabajar. El éxito se mide, sin duda, en la medida en que puedas ser feliz y, sobre todo, en la cantidad de personas a las que seas capaz de hacer felices. 

Notes

  1. raulcardos posted this